
LA ROSA
Para ofrecer la rosa su fragancia
quién ha de recibirla no le importa;
con sencillez se entrega, se comporta,
sin darle la más mínima importancia.
Porque es flor, desconoce la arrogancia;
el hecho de ser útil la conforta
y perfuma la mano que la corta,
en magnífico gesto de elegancia.
Es un ejemplo vivo de Natura,
símbolo del Amor, es una fuente
sin contaminaciones, clara, pura,
donde el hombre debiera hundir su frente
para llevar un chorro de cordura
a los febriles chotos de su mente.
Recordando los versos de nuestro poeta jimenato.
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