martes, octubre 20, 2009

UN FINAL FELIZ.... LO PUDO CONTAR A LOS DEMÁS.


CUANDO ESTÁS DENTRO DEL POZO… TODO TE DA IGUAL

A veces, la propia vida, tu intelecto, una enfermedad o tal vez el mundo que te circunda, te juegan malas pasadas y sin darse uno cuenta va recibiendo “impactos” en el “ánima” que te minan profundamente y te dejan hecho un “colador” viejo y roto, de esos que se veían en nuestros barrancos hace 60 años.

Estás con los que se suponen que te quieren, te rodean de atenciones, hablan hasta por los codos. Sin poderlo evitar, nuestra mente está en otra parte, pensando en cosas insulsas que te agobian y te hacen entablar una disputa colosal constante, porque detrás de todo esto se comprende que algo en nuestro mecanismo interior no funciona correctamente como debiera.

Malos momentos corren por mi alma, me decía un viejo conocido hace ya muchos años, sin que aclarase lo que le acontecía, por lo que ni la medicina ni nadie podía hacer absolutamente nada, mientras que aquel ser maravilloso se degeneraba poco a poco y se marchó sin dejarnos el diagnóstico celestial que tal vez hubiese ayudado a otros para resolver la misma situación.

He pensado y lo pienso que tal vez hay paralelismo entre las vidas de los que estamos aquí todavía y la de los que se marcharon y como nuestra mente es tan poderosa establece contactos con el pasado, aunque sólo sea una “transparencia” o realidad virtual dentro de nosotros mismos, que nos hace salirnos de la órbita terrenal y al mismo tiempo nos lleva al sufrimiento y al decaimiento constante.

Sin saber como, resbalas y poco a poco vas bajando hasta caer en el” pozo”. Mientras vas cayendo, sucede que lo que piensas como “justo” y “certero”, los demás lo ven de otra forma y no encuentras la manera de hacerles comprender sus errores y lo importante que es para uno el que comprendan que lo blanco siempre fue blanco y no admite divagaciones. Migrañas, cefaleas, desganos e incertidumbres psíquicas y físicas se van apoderando del ensamblaje orgánico de la persona que poco a poco van dejando traslucir su transparencia a los demás que se “percatan” de las dudas y los “lapsus cotidianos” de la persona en cuestión.

Mientras se baja la pendiente, notas que los demás hablan, hablan y hablan sin cansarse, al mismo tiempo que tú luchas internamente por contestar y aparentar que todo lo que dicen es interesante pero ya no aportas soluciones a sus propuestas ni te apetece para nada el contestar, porque nada tiene interés para ti, que estás llegando al fondo del abismo negro.

En esa fase de la bajada, la lucha con los razonamientos de los demás es una constante batalla y la mente se te ocupa en esos asuntos y descuidas los menesteres ordinarios que una mente lúcida ha de tener , yo diría que se asemeja a cuando un guerrero de los de la Edad Media bajaba sin darse cuenta el escudo y se encontraban al descubierto sus puntos mas vulnerables, con la diferencia de que en el caso mental, lo que está al descubierto es tu propia credibilidad de razonamientos normales ante los demás.

En definitiva todo eso que se piensa y se vive, no te deja ser feliz ni de participar con fervor en las conversaciones con nuestros semejantes, siendo lo peor de todo que constantemente te das cuenta de que algo no funciona correctamente y desgraciadamente no se sabe lo que es.

El agua del pozo te llega al cuello y ahí te mueves tremendamente perdido, porque los que te rodean han comprendido que necesitas ayuda médica que uno se niega rotundamente a aceptar, hasta que te arrastran y te ponen delante del que con libros y experimentos con seres reales está en posesión de unas teorías que aplica a diestro y siniestro sin importarle lo más mínimo lo que le suceda al paciente, mientras que su mano escribe y escribe el diagnóstico inventado y adaptado a las peculiaridades de la persona para terminar en un abanico de recetas de productos antidepresivos.

He convivido con personas muy felices durante años y sin saber la causa, algunos, han comenzado a bajar esa pendiente que les ha ido alejando de la “lucidez” poco a poco. Lo peor de todo es que cuando han recibido tratamientos médicos, se convirtieron en otras personas distintas que sonreían constantemente pero que no razonaban con la cordura de cuando eran normales.

Es cierto que se ha avanzado mucho en la medicina y Psiquiatría pero como en todo, hay profesionales buenos, mejores, y mediocres que a veces recetan un “saco” de pastillas que el paciente se toma junto con las que ya tiene recetadas del médico de cabecera y se produce lo inevitable con las incompatibilidades de esas sustancias, muchas de ellas nocivas para nuestro organismo.

Entonemos pues un canto a la vida y que no nos toque nunca “lidiar” con ese toro que desgraciadamente te coge, te cornea y no te suelta tan fácilmente para que puedas recuperarte y seguir las andaduras marcadas por el destino.

Extraña reflexión pero el tema lo he considerado interesante aunque a muchos les parezca negro y aburrido. De estas cosas, lo importante es poderlo contar con la satisfacción de saber que ya pasó… como un leve soplo y que a cualquiera le puede suceder y superarlo claro está, pues si no lo consigue, difícilmente podrá narrarlo.

Un abrazo.




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