jueves, mayo 26, 2016

LA REAL FABRICA DE ARTILLERIA DE JIMENA DEL SIGLO XVIII Y LAS "PELOTAS DE LOS CAÑOS"









Cuando yo era pequeño, hace ya de esto más de sesenta años , vivía en Jimena de la Frontera, pueblo en el que nací y en el  que me crié, con más de mis cinco sentidos puestos en cuanto me rodeaba.
Me metía de lleno en todas las calles, en las chozas del Puerto Moral, en las iglesias, en los “cazarones” medios derruidos, en el arroyo Garcia Bravo, en los charcos del Hozgarganta con sus chorreras,, en el Carrizo, en El Polvorín, en las Huertas, en las herrerías, en las casas de los vecinos y hasta en sus patios interiores……
Mis padres me enseñaron a querer a todo el mundo y a disfrutar de la compañía de los vecinos, de los amigos y hasta de los conocidos , por eso que mi vida de niño llegó a ser muy especial  empapándome del vivir de los demás hasta llegar a fijarme en los más mínimos detalles  de cuanto me rodeaba…….
Dicho todo eso paso a contaros algo poco trascendental que puede que pasara desapercibido para muchos de mis coetáneos,  pero que sin lugar a dudas en cuanto yo cuente mis recuerdos estaréis conmigo en disfrutar de algo poco común y sobre lo que nadie escribiría por la carencia de importancia del asunto.
                                              LAS PELOTAS DE LOS  CAÑOS
Muchas casas en Jimena tenían sus patios interiores y otras en el exterior, pero lo coincidente en ellos,  es que precisaban todos de un desagüe , que se dice hoy y que antes la palabra mas corriente era de la de “caño” o “cañillo” porque desaguaban en la cañería que normalmente iba a un pozo ciego. Estos caños olian a  “perros muertos”  y como no existían esas tapaderas sofisticadas de hoy en día, en Jimena existían para tapar estos agujeros las llamadas “ Pelotas de las Caños”.
Esas pelotas eran casi todas iguales de tamaño aunque sus superficies bastante oxidadas presentaban irregularidades producidas tal vez por la comezón del óxido  o por golpes sufridos en el transcurso del tiempo.
Como dije al principio yo de niño estaba en todas partes y me fijaba en todo y lo que más me fastidiaba era que en las casas donde estaban estos patios interiores hacia el mismo olor a cañería  que salía por las irregularidades que presentaban esas pelotas de los caños.
En casa de Maria Beffa, cuando iba a esperar a mi querido amigo Victoriano( Q.E.P.D.) yo veía en el patio aquella pelota de hierro  descansando sobre el boquete del caño y jamás pensé que algún dia me sentiría obligado a contar a mis amigos lo que mis sentidos captaban sobre esas bolas que parecían haber salido del fuego eterno.
Lo mismo sucedía en la casa  de Jacinta Boza o de Sebastián Luque  que se dedicaban todos al mismo menester de matanzas y donde las bolas descansaban sobre los boquetes de desagües,
Hasta hace un par de días para mi esas pelotas de los caños eran producto de los herreros del pueblo, pero al contemplar unas fotos en facebook  de una clase al aire libre y en la que una maestra sostenía una pesada bola  de cañón  de la Real Fabrica de Artilleria , al instante saltó en mi mente esa chispa que me hizo recordar que la procedencia de nuestras pelotas de los caños no puede ser otra  que esas bolas de cañón del siglo XVIII que se fabricaron en Nuestra Fábrica Real de Artilleria y de las que todavía conservan algunas dentro de la propia fábrica.
Ya he contado en varias ocasiones que en la posguerra había tanta falta de dinero y los jornales eran tan bajos que las familias se veian obligadas a vender cuantas antigüedades poseían en sus casas como palmatorias, cuadros antiguos, candelabros, relojes, etc, etc etc,
Hasta las pelotas de los caños solia comprarlas Esteban Gil para la chatarrería de mi tio Frasquito en la calle Santa Ana por lo que fueron desapareciendo del pueblo y sustituidas por las tapaderas que comenzaron a venderse en las ferreterías.
Asi que muchas de esas bolas de cañón fabricadas para la intencionalidad de vencer al enemigo, sirvieron para tapar los caños de nuestros patios durante muchísimos años y además ayudaron, debido a su peso, a mitigar un poco el hambre que por aquellos tiempos tenia su presencia en toda España.
No es un sueño, es una realidad tangible que muchos de mis amigos y conocidos de mi edad podrán corroborar sin lugar a dudas.
Un abrazo
Currini