sábado, noviembre 20, 2010

MI MANÍA DE PLANTAR ARBUSTOS Y ARBÓLES. JIMENA DE LA FRONTERA




Allá por los años “cincuenta y tantos” con mis seis o siete añitos ya andaba yo por aquellos “barrancos” ( en Jimena un barranco era donde se tiraban las basuras de todo tipo) y caminos ( Paseo Cristina, Llanito, Las Pozas,Tronereta, Toluque, Garcibravo, Las Minas…) junto a algunos amigos de la infancia ( José Pajarez, Pepe Andrades, Pepe Luis, Miguel Peláez…) con nuestra incansable afición de sacar de entre “la mierda” de los barrancos aquellas plantitas de tomateras, pimenteras, berenjenas, granados, naranjos, limoneros, cerezos, albaricoques, duraznos y muchas más que, metíamos en latitas y otros tiestos que encontrábamos en los alrededores.
Algunas veces todos estos huertos ambulantes los dejábamos escondidos entre los” biznagales” donde casi siempre había gatitos chicos maullando y abandonados a los que arrimábamos tapaderitas con leche que cogíamos de entre los “tiestos” tirados por doquier.
Al biznagal acudíamos en cuanto salíamos del colegio y al ver las hojitas lánguidas, salíamos corriendo con una lata hacia “El Chorrito” y con el permiso de Señó Alfonsito el del Chorrito metíamos nuestra lata en el boquete que había debajo del chorro y que hacía que los cántaros se mantuviesen de pié para salir pitando, porque las latas cogidas al azar casi siempre estaban rotas e íbamos dejando un surco sobre el polvo del camino, que salpicaba sobre nuestras “patitas” flacas y nudosas, hasta que con lo que quedaba regábamos nuestras plantitas una y otra vez para conseguir que al rato estuviesen derechitas y resplandecientes.

Otras veces aquel arsenal de latas me los llevaba metidos en una caja de cartón de las que tiraban al barranco Aurora Limón y sus hijos Juan y Pepe Callejas para colocarlo entre las macetas que mi madre tenía en el patio, donde resultaba más fácil preocuparme de sacar adelante todo aquello hasta que podía trasplantarlas al arriate grande para ver, a veces con mucha pena, como se “chuchurrían” y otras darme el alegrón de ver crecer mis tomatitos y pimientitos día a día con la complacencia de mi madre que para esto de agradarme se pintaba sola.

Cuando iba al río, el Risco, el Castillo ó cualquier otro lugar de nuestros alrededores, casi siempre arrancaba plantitas y las trasplantaba a otros lugares donde no se daban y por eso a veces aparecen arrayanes, lentiscos, tarajes, laurel y otras especies en zonas no habituales ya que muchos de mis amigos de la infancia tenían la misma manía mía de hacer esto que sin saber porqué nos salía de “los adentros”.

Han transcurrido muchísimos años y aún no he perdido la costumbre de coger plantas y sembrarlas donde me parece que deben estar, aunque por desgracia suele haber otros que disfrutan quitándolas de donde nacen fuertes y distintas a las demás.

Me encanta ver un jardín de casa donde crece un arrayán repleto de “murtas”, un lentisco cuajadito de lentisquinas, una palmera de las nuestras con sus palmichas, un madroñero con sus madroños y hasta un achofaifo con sus achofaifas verdes al principio y después rojas.

He leido que eso que suelo hacer es necesario para que los pajarillos como el petirrojo ( perchi) , el mirlo, caganos y otros variados se sientan en nuestros jardines como en su propia casa y es que a veces la naturaleza nos dota de sentimientos e inclinaciones que sirven para favorecer a otras especies con la finalidad de vivir en armonía y disfrutar los unos de la presencia de los otros.
Un fuerte abrazo
Currini

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