viernes, marzo 14, 2014

EL EMBROLLO DEL DESFASE HORARIO EN EL PLANETA.¿VIVIMOS A DESTIEMPO...?

                   
                                                 Foto: Tagarninas                         Currini

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¿Los españoles cenamos más tarde que en ningún otro país o en realidad cenamos a la misma hora que los otros, pero con el reloj atrasado? Ésa es la pregunta que se le pasó por la cabeza a Stefano Maggiolo, un matemático italiano, durante una visita a Salamanca el año pasado. “Pensé: 'Esta gente, ¿cena a las 10 de la noche por una cuestión cultural o porque tienen la hora mal?'”, recuerda.

La sorpresa de Maggiolo es lógica. Los horarios españoles no tienen parangón en el mundo. En Colombia desayunan a las 7 u 8 de la mañana; comen a las 12 y media o 1 de la tarde, y cenan a las 7 u 8. En Estados Unidos se come entre las 12 y la 1, se cena entre las 6 y las 7 y media y, cuando uno tiene un empleo estable, dice que tiene un trabajo ‘de 9 a 5’, en referencia a la hora a la que entra y a la que sale. Aunque pocos superan a los habitantes de Pekín y, en general, a los asiáticos, donde suelen desayunar a las 6 ó 7, comer a las 11 ó 12, y cenar a las 5.

Hasta enero, Maggiolo no tuvo tiempo para desarrollar su proyecto. Pero entonces, gracias a ocho horas de trabajo, un mapa de Wikipedia y un sistema informático que permite emplear sombras y no solo píxeles, logró poner de manifiesto de forma gráfica -y también escrita, en un post para su blog- una tremenda realidad: no es solo que los españoles vivamos en la hora equivocada, sino que prácticamente toda la Humanidad está a destiempo.

El ser humano del siglo XXI vive o demasiado pronto o demasiado tarde. Maggiolo colgó su post, con mapa incluido, en Reddit, una red social tremendamente popular en EEUU, que destaca por la heterogeneidad de sus contenidos: desde porno amateur hasta chats con, por ejemplo, Barack Obama, o el director de la revista Foreign Affairs, Gideon Rose. La visión del desfase horario mundial provocó tal interés que tumbó el servidor de la web de los antiguos alumnos de Ciencias Exactas de la Facultad de Pisa, donde Maggiolo había estudiado.

En el caso de España, el mapa deja poco lugar para las dudas: vamos con retraso. O sea, que no es que cenemos tarde, sino que nuestros relojes van atrasados. Los portugueses, por ejemplo, desayunan a las 7 u 8 de la mañana, almuerzan a la 1 y cenan a las 8. Si se tiene en cuenta que ellos van una hora por delante, resulta que los dos tenemos un horario bastante parecido.

El responsable es Franco, que en 1942 decidió poner a España en la hora de la Alemania nazi, con la que entonces estábamos aliados. Puso a su Ferrol natal a la misma hora que Nyireghaza, una localidad de Hungría situada a 3.000 kilómetros en línea recta hacia el Este. No es, entonces, que los gallegos cenen tarde, sino que cenan como si fueran húngaros. Incluso dentro del territorio español las diferencias son considerables. Según Maggiolo, el adelanto de Barcelona va 50 minutos más tarde que el sol mientras que Galicia pierde más de una hora y media.

Claro que nada es comparable a Xinjiang, la provincia más occidental de China, donde la diferencia entre la hora solar y la oficial es de nada menos que cuatro horas. Eso se debe a que China, pese a ser la cuarta nación más extensa del mundo, solo tiene una hora oficial: la de Pekín, que encima está situada en el extremo oriental del país, a casi 4.000 kilómetros de Xinjiang.

La decisión de que los 1.350 millones de chinos se levanten, vean las noticias y cenen a la misma hora no es un capricho, sino una forma de reforzar el control político de Pekín. Y la falta de consideración hacia Xinjiang también parece relacionada con el hecho de que en esa región viven 30 millones de musulmanes que mantienen más vínculos culturales y étnicos con las repúblicas ex soviéticas de Asia Central que con el resto de China, y que simpatizan con un movimiento separatista que en las pasadas semanas causó 29 muertos en un atentado en un tren.

El resultado es que en Urumyi, la capital de Xinjiang, habitada en su mayor parte por la etnia han -el grupo mayoritario de China, cuyo asentamiento en esa provincia ha sido potenciado por las autoridades para cambiar la composición de la población- sigue la hora de Pekín. Pero, en Kashgar, que es el centro de la cultura uigur, pasan olímpicamente de las normas y viven dos horas por detrás.

Y es que el reloj es a menudo un instrumento de control político. Los 1.200 millones de habitantes de India también viven, todos, a la misma hora. Eso se debe a que, cuando ese país alcanzó la independencia de Gran Bretaña, decidió unificar sus tres husos horarios, para así fomentar la unidad nacional. En Argentina sólo hay un huso horario, pensado para favorecer a Buenos Aires. Consecuencia: en el noroeste argentino viven casi tres horas por detrás del sol. En algunas regiones de Siberia la diferencia es de tres horas y media, según Maggiolo.

No está claro, sin embargo, que esas fórmulas decimonónicas vayan a sobrevivir al siglo XXI. En India hay propuestas para adoptar al menos dos husos horarios. En Estados Unidos, la economista Allison Schrager ha propuesto reducir las cuatro zonas horarias vigentes en la mayor parte del país a solo dos. Y en España el Parlamento también se ha planteando aplicar la hora portuguesa y británica.

La razón es que los husos horarios están empezando a costar dinero. Cuando fueron creados, en el siglo XIX, su importancia era relativa. En aquella época, la mayor parte de las sociedades eran rurales, y la gente se guiaba por el sol. Las horas oficiales se aplicaban sobre todo al tren y otros medios de transporte, y a ciertas actividades administrativas. Pero hoy nadie trabaja la tierra, y la hora oficial se ha convertido en una camisa de fuerza que controla nuestras vidas.

Lo cual nos devuelve a la pregunta que se hizo Maggiolo en Salamanca. ¿Los españoles somos así por la naturaleza o por el Caudillo Invicto?

Eso no está tan claro. Aunque lo que sí que es evidente es que a los no españoles, nuestros horarios les provocan una mezcla de fascinación y horror. Un ejemplo: la noticia más reenviada por los lectores de la edición online de The New York Times el 17 de febrero se titulaba España, el país de la cena a las 10 de la noche, se pregunta si es hora de ajustar de reloj.

Los españoles, por nuestra parte, solemos replicar a esas críticas con nuestro tópico habitual: eso es algo cultural y, si cenamos tarde, es porque, como en España no se vive en ningún sitio. Es algo que también reconocen algunos extranjeros.

La revista online de Washington Slate reaccionó al artículo de The New York Times con una pieza titulada España no debe cambiar sus horarios de comidas, pero nosotros sí tendríamos que hacerlo, en el cuestionaba la jornada laboral a la americana con un rotundo “¿alguien espera que una persona pueda ser productiva trabajando sin parar de 9 a 5?”. Eso es, probablemente cierto. Pero también lo es que los españoles dormimos 53 minutos menos al día que la media europea. Menos horas de sueño implican más propensión a la obesidad, diabetes, enfermedades cardíacas y depresión. Y, por nuestros peculiares horarios, tenemos jornadas laborales mucho más largas, pero también menos productivas que nuestros competidores.

Angels Valls, de la escuela de negocios Esade, declaraba hace poco a NPR -el equivalente de RNE en ese país- que el aspecto cultural de la vida a la española es capaz de derrotar a cualquier cambio horario: “En la práctica, hay raíces culturales que explican por qué trabajamos durante tantas horas. No basta con cambiar la hora”.

Fuente: El Mundo