jueves, abril 26, 2007

ANTECEDENTES DE LAS AGENCIAS DE TRANSPORTE EN JIMENA DE LA FRONTERA

Hagamos un pequeño homenaje con nuestros recuerdos a los verdaderos fundadores de las agencias de transportes en Jimena de la Frontera, para lo que invito a todos los de mi generación a hacer retroceder nuestra memoria unos… cincuenta años atrás aproximadamente y aquí nos encontramos en nuestro pueblo de Jimena con unos ocho ó diez años, nuestra indumentaria es muy fácil de describir : camisas límpias (pero descoloridas por el uso),pantalones cortos ( casi todos con dos parches culeros) , algunos con tirantes de material y hebillas sujetando los pantalones y otros con correas, el calzado variado con sandalias, botas, alpargatas etc y alguna que otra boína (siempre con el rabillo capado y el agujerito en el centro). Nuestra piel era muy curtida y morena, salpicada de cicatrices ya curadas como consecuencia de nuestra intensa actividad de juego al aire libre(Juego a la pelota, juego de la chicha, a los cajillones, a las casillas, a los perrones, a los chupapiedras, búsqueda de nidos, “yerba” para los conejos etc. etc. etc.).Pero….. Os estaréis preguntando ¿Qué tiene que ver esto con las Agencias de Transportes..?.
Aquellos niños vivíamos nuestro mundo a lo grande, pero desapercibido para los mayores, nosotros captábamos todo cuanto acontecía a nuestro alrededor y por eso puedo recordar como todos los días había tres personas que muy temprano preparaban sus burros y atravesando todo el pueblo partían para la Estación del Ferrocarril, no sin antes pasar por las tiendas y talleres para recoger los avisos de llegada de las mercancías y como cada uno tenían sus “veceros” ó “clientes” no había ningún problema de competencia, lo que se traducía en buen rollito con todo el vecindario de Jimena.
Estos Señores eran “ Manolito el Molinero”, “Antonio Moya el Jarriero” y “ Valdivia”. Los dos primeros eran del Barrio Arriba y vivían en la calle Fuentenueva (con su s jumentos en la cuadra junto a la casa) y el tercero era del Barrio Abajo y vivía con su familia y jumento en la calle Romo.
No existían ordenadores, pero con sus libretas de gusanillos y su lápiz a veces se apoyaban sobre el “jato” y apuntaban lo que tenían que recoger de la estación y lo que les entregaban los clientes para las recogidas. Conocedores a la perfección de su oficio, sabían relacionarse con los empleados del almacén de RENFE y de memoria colocaban los paquetes por orden de entrega en las distintas tiendas del pueblo para no tener que deshacer en ningún momento la carga.
Cuando llegaba el mes de Noviembre si que estábamos pendientes de nuestros personajes ( lo pueden preguntar a Pepe Andrádes, Paco Gutiérrez Ordóñez, Isidoro Herrera, José Pajares, Miguel Peláez, Pepe Luís Luque y algunos más de nuestra edad),porque eran los encargados de traer los enormes cajones llenos de juguetes de las tiendas que existían en Jimena por entonces( Los Hermanos Juan y Pepe Callejos, Pedro Núñez, Miguel Ramos y Martín Castro) que se dedicaban a poner en sus escaparates los juguetes para Reyes. Nosotros todos los días les preguntábamos cuando venían los juguetes y siempre contestaban ya… muy prontito y el día que conseguíamos saber que venían los esperábamos en “Los Coches” hasta que aparecían y les acompañábamos junto al burro hasta las citadas tiendas.
Ahora pienso quizás con cierta propiedad que no sufrieron una crísis brutal como otros sectores de Jimena al llegar el transporte mecanizado porque eran mayores y todos tenían una familia con unos hijos estupendos y concretamente Valdivia se marchó creo que a Barcelona. Bueno… sirvan pues estas notas para que alguna vez que otra, cuando nos entreguen un paquete alguna agencia de transportes recordemos quien los entregó hace mucho tiempo a nuestros abuelos y padres con toda la honradez del mundo. .

2 comentarios:

Anónimo dijo...

De casualidad de me he tropezado con tu blog y algunos artículos me han traído viejos recuerdos, esa zapatería donde pase mi juventud, rodeado de gente mayor es imposible de olvidar. Yo entraría en esa zapatería con ocho añillos, no creo que más, quiero recordar que tu estabas estudiando, no tenía mucho roce contigo, pero si con tus hermanos “Triani”, y José. Yo por aquellos entonces, era vecino del “Gorri” y el me sirvió de contacto para llevarme a trabajar de aprendiz allí. Mi madre ya se había preocupado de preparme un delantal hecho de trapos viejos, (si mis pantalones cortos lucían espléndidos remiendos, imagínate lo que suponía aquel delantal) nada más entrar me dieron una tabla para enderezar puntillas, la tabla en cuestión tenia tanta historia como todos los aprendices que habían pasado por allí.
Allí estaba Cano, “El larguito”, (fallecido prematuramente) Triani, Gabriel “El Gorri” , varios Pelaez, un tal Molina, en fin una trupe bastante numerosa. En aquella zapatería había un ambiente especial, por las mañanas, nada más empezar, se solía narrar alguna peli que alguno hubiera visto la noche anterior, o bien una novela de pistoleros, Yo flipaba oyendo aquellas narraciones, con todo lujo de detalle.

Vosotros teníais un taller, digamos, para elaborar la cera, que se sacaba de los desperdicios de los panales de miel, a los más pequeños tu padre nos mandaba con unas espuertas de goma llenas hasta los topes hasta aquel taller, cuando había ya una cierta cantidad iban dos o tres trabajadores de la zapatería a fabricar esa cera. Mi misión era llevar por tarde el cafecito, Quiero recordar que Francisca hacia el mejor café del mundo, o a mi me lo parecía, en mi casa el de cebada ya era exquisito, así que imagínate, pues bien, en el camino yo me daba un descaso, pero no para tomar aliento, si para empinar la cafetera y darme unos buenos tragos, mas el vasito que después me ponían allí, así que ese día era para mi especial.

Allí pasaba de todo, recuerdo con especial gracias y sufrimiento, como a los novatillos, se nos espabilaba, por decirlo de alguna forma, Esas chinchetas puesta entre las neas de las banqueta donde nos sentábamos y como no estuvieses listo te la metías en el culo hasta los huesos, de esta forma antes de sentarte tenias que pasar la mano por si algún gracioso te había dejado la trampa puesta.

También recuerdo a “Frasquito el turronero” que ponía su turronería frente al bar. España, entonces del “morachero” , y una feria mayo, trajo unos dátiles increíblemente buenos, pero no los vendió todos, le sobraron dos sacos, decidió dejarlos en la zapatería hasta que llegase feria de agosto, genial idea, empezamos a sacar uno para probarlo, y otro y otro, y desaparecieron los dos sacos, ni te quiero contar la que se lió.

O aquel gorrión que criamos desde pequeño, que no dejaba fumar a nadie, en cuanto ponían el cigarro en la banqueta, el gorrión se lanzaba y lo picoteaba.

Esas tardes cuando ponían un dinerito para ir por la media limeta de vino blanco a la tienda de Jacinta, que bueno estaba aquellos vinitos.

De tu padre que decir, siempre silbando, pasaba de un estado de euforia a otro de crispación en tres segundos. El tiempo en que nosotros simulábamos un altercado, dando patadas en el suelo y el llegaba enfurecido “os voy a poner de patitas en la calle a todos.” solía decir.

Mi primer sueldo fueron dos pesetas a la semana, sueldo que nunca llegue a cobrar, porque con los zapatos que allí nos comprábamos, después los pagaba yo con mi sueldo.

Bueno, no me quiero enrollar mucho mas, solo decirte que a mi me decía tu padre el chatungo, que soy Antonio Sarrias “Mazorco” para los amigos, y nada un saludo, y encantado de poder decirte algo de aquella época aunque sea aprovechándome de blog.

Antonio Sarrias.

Currini dijo...

Antonio: Me has dado una gran alegría con tu comentario,te agradecré me facilites tu correo electrónicopara escribirte un poco más.Tienes mucha humanidad dentro de tí y eso es importantísimo.No hace mucho saludé a tu hermano Manolo y le pregunté por tí.Mi correo: pacoyeya@wanadoo.es
Gracias por todo lo que comentas.Un abrazo. CURRINI