martes, diciembre 03, 2013

sin corrección.... lo escribí hace tiempo.



A CADIZ…. LA CIUDAD MILENARIA… DE UN JIMENATO

Hoy quiero estar contigo, mi querida capital gaditana, para hablar  de mis sentimientos y de los tuyos, aunque estoy convencido que no necesitas de mis palabras, porque escritores, poetas y hasta dioses se han ocupado de llevarte a la cima del Olimpo y enaltecerte como mereces, pero un hijo no necesita de esos menesteres para decirle a su madre que existe y que la quiere con toda su alma.

Allá por 1968 un día 1 de Enero, vestido con una “ropilla pa tirar”, me bajé del autobús de Los  Comes para colocarme en el “rellano” de la Comandancia de Marina a esperar que me nombrasen, hasta que por fin aquel altavoz dijo…. Francisco Jiménez Jiménez de Jimena de la Frontera. Era yo uno de los quintos destinados a la “Armada Vencible”, truncada su vida y apartado de los suyos para prestar sus servicios a la Madre Patria, como estaba mandado por aquellas fechas.

En aquella espera interminable, no pude evitar pensar en mis contactos anteriores contigo y recuerdo como cuando iba a examinarme a la Normal de Magisterio me paseaba por tus bonitas calles durante varias semanas continuadas……

Mi calle preferida para hospedarme era la  “Benjumeda”, a veces lo hacia en “ Benjumeda 21”, otras en la “Pensión Manolita”, otras me iba cerca del “Falla”, en la”Pensión Hércules” y otras me alejaba hasta  “ Pensión La Nacional”  cerca de la Candelaria.

Sería por mi juventud y ganas de vivir que hasta tus olores mañaneros, no siempre gratos, me parecian normales y aquello se suplia corriendo un poco al pasar por los bidones de basuras pegados a las estrechas paredes de tus calles.

En este recordar mio de “marinero en puerta” me sentí muy a gusto en la barra del “Alcázar”… donde decía el letrero…. “ Un pollo en el Alcázar vale por dos de otra casa”, lo que sucedía es que un pollo asado en aquellos entonces  valía 12 pesetas y eso era lo que yo pagaba entonces por comer en el “S.E.U.”( que estaba en la misma calle), así que me conformaba con el olor y mi cervecita Cruz Blanca con tapa. Otro bar que frecuentaba para tomarme el “cafelito” o la copita de manzanilla con su “tapita” era en  “ La Privadilla”,  un bar con mucha “solera”, sus barriles y su encanto torero eran inconfundible con esas cabezas de toro disecadas, cuyas hazañas yo releia una y otra vez…..” este toro llegó a soportar hasta doce baras..”, decía uno de aquellos letreros refiriendose al toro disecado.  El andar siempre casi “tieso” me hacía comer en lugares que a mi me parecían estupendos como en La Plaza San Juan de Dios en la “Económica”, en el “Nueve” o me subía para arriba en “ La Parra”, “ La Bomba” o me tomaba el Bocata de anchoas en el “Estanco” de  la esquina de la Plaza Falla donde la amabilidad de aquel señor grueso con gafas redondas no tenía límites.

Mi querida “Gades” … yo tu hijo de Jimena, escuadriñé tus calles y tus rincones en busca de amor y lo conseguí… porque me cautivaste con tanta fuerza que aún te guardo dentro de mi ser como algo imborrable…… mi pasear por el Parque Maria Luisa, tu Alameda Apodaca, El Mentidero, La Plaza de Las Batallas con su reloj de flores, tus viejas murallas repletas de amores nuevos, ese recordar no tiene precio para mí.

Tus vendedores de mariscos frescos con sus delantales y gorras blancos como la leche y por varias pesetas te llenaban las manos de “cartuchos” repletos de quisquillas, cangrejos, camarones, bulgaillos y gambas  que tomábamos en la Cervecería La Cruz Blanca en aquel callejón que desembocaba en la antigua Plaza de Mina y si el “bolsillo” no daba para más, entonces yo pedia en la cervecería aquel paquete de papas fritas que tan buenas estaban y saciaba mi hambre hasta el día siguiente.

He despertado de mis pensamientos y todos en fila de dos nos llevan hasta el tren para San Fernando donde según decían antes “me hice un hombre de provecho”, hasta que otro día me meten en un camión y de noche me hacen entrar en el  barco más grande que yo hubiese podido soñar “ El Transporte de Ataque Aragón” con base en tu Puerto Comercial o en las aguas de tu hermosa Bahía cuando no teniamos espacio libre en los atraques.

Acuérdate, Cádiz de mi alma, cuando vestido de marinero paseaba de forma interminable por tus calles, por  tu Barrio de la Viña, por Puerta de Tierra. Con poco dinero en los bolsillos yo gastaba suela de botas marineras por tus calles, pero entre varios “secos” siempre juntábamos algo para  comprar papelones de tus “pescaitos fritos” y arrimarle la media “litrona” de chicalana junto a las freidurias de las Flores y otras repartidas por todas tus calles. Decían que estaban sucios aquellos bares, pero a mi me parecían gloria bendita con sus mesas de mármol antiguas y sus suelos llenos de “serrín” donde con unas aceitunas añadidas saliamos  felices como curas.

Mis “francos de paseo y de ria”, se sucedian constantemente y mi amor por tus viejas calles, tus antiguos comercios se fueron haciendo fuertes dentro de mi y cuando en mis bolsillos se juntaban algunas pesetas más de la cuenta, me permitia sentarme en el “Barquito sin Nombre” del Restaurante La Caleta, El Sardinero y para regocijo pleno me sentaba en el Café Español donde ponían unos “huevos al Plato” que saltaban las lágrimas y después el mejor café de todo Cádiz.

Hace unos días me he sentido triste cuando he leido que muchos de aquellos comercios antiguos de discos, librerias, cajitas de regalos con “conchas del mar” ha desaparecido y se han transformado en tiendas de marcas ó franquicias, pero no te apures “ Gades Milenaria” que pueden transformártelo todo, pero tu espiritu carnavalesco, tus aires gaditanos y tus ganas de competir con los tiempos, permanecerán por los siglos de los siglos y aunque no lo supieses sin vivir en  tus casas somos muchos los que estudiamos en tu corazón e hicimos la mili como buenos hijos de una Patria que ya también es otra.

Jubilado, con 67 años, de vez en cuando te visito, me paseo por tus calles y sigo soñandote como cuando con mi “petate” recorría tus calles y disfrutaba de tu bonito ambiente marinero y milenario.

Un abrazo a los que tienen la suerte de ser gaditanos y a mi amigo Cecilio Gómez Rivas.