miércoles, diciembre 16, 2009

CON EL CORAZÓN EN LAS BUITRERAS. 13-12-2009

CASERIO LAS BUITRERAS. FOTO CURRINI
La Ruta de Senderismo a las Buitreras me ha permitido conocer y adentrarme en unos paisajes naturales que sorprenden por su belleza. Una vez cruzado el Guadiaro por la Subestación de trasvase al Majaceite, se asciende por ancho carril no apto para coches “endebles”, pero nosotros supimos dar buena cuenta del camino pedregoso con nuestro andar pausado apoyados en los báculos de senderismo.
A pesar de ser domingo, durante todo el trayecto se oía el ruido incesante y continuo de las máquinas que trabajan en la vía del ferrocarril para adaptarla a las nuevas tecnologías del tren de alta velocidad. Ese ruido lejano, nos hacía ir mirando de vez en cuando hacia el río y eran muchos los que hacían fotos de los trabajos y de las bellezas que al mismo tiempo se nos ponían por delante en aquellos barrancos tan profundos.

En nuestro incesante caminar observamos la gran cantidad de bellotas encinas caidas en el suelo sin recoger, las “argallas” rodando por doquier, alguna que otra seta intentando brotar a pesar de la falta de agua, los chaparros quemados por el fuego y unas plantas que parasitan a las demás disfrutando de la savia ajena.

Dejando a un lado las bellezas del paisaje que se nos presentaban, quiero tratar de explicaros la sensibilidad del amigo Juan Manuel cada vez que veíamos una de esas eras donde en otro tiempo se trillaba el grano ó las habitaciones del cortijo abandonado que muy cerca del Puente Los Alemanes, espera a los visitantes.

Cogiéndome del brazo Juan Manuel me dice: -- Mira curro …cuanta vida hubo de haber en este cortijo, hasta me estoy imaginando la higuera cuajada de higos, el huerto ahí detrás con las lechugas, tomates y pimientos, el gato corriendo de nosotros y el perro ladrándonos para avisar a los dueños de nuestra llegada. ¡Ven para acá…..en este andén comían hasta nueve vacas! Y aquí estarían las criaturas pendientes de darles una postura a las vacas o echarle de vez en cuando un poco de paja para que se alimentasen. Este es el “cuarto del horno” que servía de “gañanía”, que por cierto debía de ser una “gozada” el día que hacían el pan pues aquella noche dormirían más calentitos.Fíjate bien que en este cuarto hay dos poyetes donde se ponía el colchón y a dormir, para de vez en cuando a darle una vuelta a las vacas. No te vayas Curro… que aquí está la cocina que daba calorcillo a toda la casa, además del horno, porque frío si que tuvieron que pasar estas criaturas por aquí. Date cuenta de este detalle y es que las paredes están encaladas de rojo porque son hechas de barro rojo y ahora hay hasta “Doradilla” entre estas piedras , la misma que hemos cogido en las piedras del Puente de Los Alemanes.

La cama esa que está ahí… cuantas ilusiones perdidas… para terminar de esa forma, pero la vida no da para más, es eso simplemente un caminar que va dejando las cosas atrás para contemplación de los que venimos después.

Salimos de aquella casa trastornados por los recuerdos ajenos del pasado y por un momento hasta creímos darle vida a un “caserón” que en otro tiempo seguro que fue ejemplo de fortaleza humana.

Juan Manuel nos explicó que los mejores “viros” han de ser de brezo y se emplean para hacer los taburetes de corcho o ponérselos a los corchos de las colmenas por dentro y que no se olvide que esta planta a las que muchos dicen “rompe piedras” se llama “Doradilla” y sirve para aliviar los riñones cuando se tiene ese mal.
Hemos venido cargados de unas fotografías que muestran la belleza de los espacios cuajados de arboleda, encajonamiento de un río y plegamientos que miles de años formaron una orografía tortuosa que la mano del hombre está tratando de modificar con túneles para permitir el avance del tren como se precisa en estos tiempos presentes.

Lo mas importante es que al mismo tiempo que hemos estado viendo esas bellezas naturales, hemos compartido una jornada de cariño con los amigos y al nos traemos el recuerdo de la vida de otro tiempo por allí, descubierta por los vestigios que ese “caserón “ en ruinas ha querido contarnos con mucho amor.

Decía Juan Manuel… a esta preciosa y vieja “era” yo con mi mente, le pongo el trillo, la pareja de caballos, los haces de trigo, los “bielgos”, la carreta, el botijo de agua, las gallinas alrededor, los cochinos… y el sacrificio de los que trabajaron aquí…
Un abrazo.

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